Salovey y Mayer (1990) definieron inicialmente la Inteligencia Emocional como “la habilidad para manejar los sentimientos y emociones propios y de los demás, de discriminar entre ellos y utilizar esta información para guiar el pensamiento y la acción...”. Este término fue popularizado por Goleman (1996) y, en la actualidad, es la base de multitud de programas dirigidos tanto a niños como a adultos. En aquellos niños y jóvenes con síndrome de Down tiene una especial importancia, para conseguir que sean cada vez más capaces de adecuar sus emociones a las diversas situaciones en las que se desenvuelven, sentirse bien consigo mismos y relacionarse con los demás, de manera que puedan ir avanzando en su desarrollo personal.










